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Director de la división audiovisual de la productora Prensa Ibérica, Francisco ha desarrollado su trayectoria profesional en televisión. Comenzó en TVE Canarias, donde permaneció durante once años, ocupando diferentes cargos, como el de Director de Informativos. Además, fue enviado especial a Mauritania, Marruecos, Senegal, Costa de Marfil y Liberia, país en el que su equipo pudo entrar para cubrir la caída del dictador Samuel Doe. En 1993, fue nombrado Director de Antena 3 en Las Palmas, donde construyó el primer centro digital de Las Islas. Ocho años después, recibe el encargo del Gobierno de Canarias de reflotar su Radio Televisión Pública, donde ejerce una profunda reestructuración en su gestión y en su programación.
Su carrera profesional comenzó en TVE. Allí fue enviado especial ¿Qué recuerda de aquella época?
Estuve once años en TVE, desde 1986 a 1997; una parte de ellos, cuando no había otra televisión que esa. Trabajaba en Canarias, en el Tercer Centro de Producción de TVE, tras Madrid y Barcelona. Convencimos a la dirección nacional que debíamos aprovechar nuestra privilegiada posición geográfica para asumir la cobertura del área Atlántica africana con los que Canarias mantenía conexiones aéreas directas. Eso nos llevó a Marruecos, Senegal, Costa de Marfil, Mauritania y otros países del entorno. Ya era Jefe de Informativos diarios, pero eso no evitó que me alistara a algunas de aquellas misiones informativas. De aquella época recuerdo sobre todo que eran tiempos en los que hacer televisión significaba que uno dormía poco pero tenía muchos sueños. Disfrutaba mucho en las salas de montaje, el lugar en el que las palabras multiplicaban sus efectos asociándolas a imágenes y músicas.
No soy un nostálgico de los viejos tiempos, pero entonces la televisión, como el periodismo, se hacía sin teléfonos móviles, ni Internet, y visto así, más aislados y con mayor sentido de la aventura. Entonces era la televisión el único medio que ofrecía la inmediatez en imágenes. Las farragosas conexiones vía satélite, con el play en manos de las televisiones nacionales, eran la única fórmula para la transmisión de los sucesos que se producían en el mundo. Parece que estoy hablando de prehistoria, pero eso ocurrió anteayer. Tal vez, por todas esas excepcionalidades, el proceso de construcción de las historias periodísticas se hacía con mayor maduración. Tal vez, las guerras duraran más entonces porque tardabas más tiempo para contarlas. Visto así, las prisas actuales han traído alguna ventaja. La presión mediática, la inmediatez e impacto de Internet también acelera la duración de las guerras.
Ahora que ocupa puestos directivos… ¿No echa de menos la labor periodística?
Esto es como lo de montar en bicicleta; nunca debes olvidarte de las reglas y trucos que aprendiste, aunque pases tiempo sin practicarlo en la primera línea. Procuro no olvidar nunca que fue el periodismo lo que me trajo hasta aquí, y sin el periodismo, y el nervio que lo acompaña, no tendría ningún sentido hacer lo que estoy haciendo. De la misma forma que los pintores necesitan que alguien dirija las salas de exposiciones en las que cuelgan sus obras, los periodistas necesitamos que algunos de nosotros se dediquen a organizar el espacio en el que publican sus trabajos. Siempre piensas que algún día podrás dejar de dirigir la sala para volver a colgar tus propios cuadros.
El equipo que usted dirigía fue el único del mundo que pudo entrar en Monrovia para cubrir la caída del dictador Samuel Doe a manos de las tropas rebeldes que tomaron Liberia. ¿Cómo recuerda ese momento?
Como éramos jóvenes, éramos osados. Fue en la primavera de 1990. Liberia, el único país de África que no había sido colonia antes de ser un Estado, llevaba unos años desangrándose en guerras tribales. Pero como ocurre con tantos otros conflictos africanos, no mereció casi ninguna atención informativa hasta que las tropas rebeldes se acercaron a la capital y comenzó la evacuación urgente de los extranjeros europeos y americanos. Los americanos tenían allí muchos intereses: la mayor factoría de Firestone del mundo, las antenas de La Voz de América para todo el continente y un sinfín de intereses madereros, mineros o estratégicos. La BBC, a través de su servicio africano, ofrecía a menudo crónicas sobre lo que estaba ocurriendo. El caso es que conseguimos un permiso para volar a Monrovia y llegamos allí pensando que cuando llegáramos al hotel, nos encontraríamos, como era habitual, con los equipos de las principales televisiones americanas o europeas. Pero no fue así, allí no había nadie más para contar lo que estaba ocurriendo. De hecho, éramos el único equipo extranjero que entraba en la capital desde el golpe de Estado que llevó a Doe al poder en 1974. En 15 años no había entrado en la capital ningún equipo extranjero. Los periodistas que cubrían el conflicto estaban en la otra línea del frente, avanzando hacia la capital junto a la guerrilla, que gozaban de mejor prensa internacional. Al principio creímos que nos habíamos equivocado de sitio, pero luego comprendimos que no, que estábamos donde no había nadie más. Nuestro material sería único. De hecho, nuestras imágenes de la caída de Monrovia dieron la vuelta al mundo y TVE pudo venderlas como una gran exclusiva.
De aquel viaje aprendí a valorar la fortaleza humana. Como en el asedio de Sarajevo, en el que la gente salía a comprar el pan a pesar de los francotiradores, en Monrovia salías a cenar mientras se oía el ruido de los morteros a las afueras de la ciudad. Salir con el coche a una carretera era jugar a la ruleta rusa. Pero la vida seguía porque la gente no podía vivir, encerradas en sus casas. Ni nosotros habíamos ido para no salir del hotel. Estábamos muy controlados en nuestros movimientos, pero uno de los días conseguimos traspasar las líneas del frente y grabar varios combates, después de sobornar a algunos militares. Llegamos con las cintas al ruinoso hotel en el que nos alojábamos y, nerviosos y asustados por el valor del material, nos dimos cuenta que era imposible esconder una cinta en una habitación. Conseguimos que el embajador mandara un coche y se las llevara con el compromiso de que, si nos ocurría algo, las sacaría del país como valija diplomática. En ese momento, en lo único que piensas es en quién te mandaría meterte en un infierno así. Y sólo te consolaba pensar que, si salíamos de allí, sólo nosotros podríamos contarlo.
En 1989 fue el responsable de la implantación del primer sistema automático de redacción en Canarias y el segundo en España ¿En qué consistía?
Volvemos a la prehistoria. Ahora resulta inconcebible pero también hasta anteayer, las redacciones eran un constante golpeteo de teclas de máquinas de escribir. Las noticias se escribían de corrido y la única corrección que podías hacer era la que te permitía el tipex. En la redacción de Madrid se instaló, a finales de los 80, el Newstar 1, el primer sistema automático de redacción que permitía escribir con ordenador y gestionar electrónicamente las escaletas. Convencimos al Director de Sistemas de entonces, Jesús García Lozano, para utilizar el Centro de Canarias como zona experimental para testar la viabilidad y uso del Newstar 2, que introducía bastantes mejoras a aquel primer sistema. Lo aceptaron y Canarias se convirtió en la primera Redacción de TVE informatizada fuera de Madrid. Aún recuerdo el día que a todos los redactores se les quitó la máquina de escribir y se les dejó con el ordenador. Durante semanas hubo muchos nervios y mucha gente diciendo que el viejo sistema era mejor. Así, hasta que nos habituamos al nuevo sistema y entramos en la era “del corta, copia y pega”. Un día se estropeó el sistema y provisionalmente tuvimos que volver a las máquinas de escribir. Entonces, nadie podía imaginar cómo habíamos sido capaces de hacer cada día un Telecanarias con técnicas tan mecánicas y primitivas.
En 2001 es una de las personas que se encargaron de reflotar la Radio Televisión Pública de Canarias. Se procedió una reestructuración de la gestión y de la programación y se tomaron una medidas programativas como la creación de un Código Deontológico de emisiones en el que quedaba expresamente prohibidos los llamados contenidos del corazón y cualquier tipo de invasión en la intimidad de las personas. ¿Piensa que se debería de hacer algo similar en la actualidad?
Creo que las televisiones públicas, en general, mantienen la obsesión por hacer programas que hurguen lo menos posible en la intimidad de las personas o potencien a personajillos que no tienen otra cosa que mostrar que sus propias miserias. Cuando asumí la Dirección General de la RTVC, me propuse llevar al máximo esa premisa. Y nos salió bien. Durante tres años continuados fuimos la televisión que más creció en España. Cuando aprobamos en Consejo de Administración aquellas medidas de programación deontológicas, se lo explicamos a la audiencia. La promoción decía, mientras se escuchaba de fondo el gallinero que producen algunas de esas tertulias "Hay televisiones que no tienen corazón. La nuestra sí. Por eso no vamos a hurgar en la intimidad de nadie".
El grupo Editorial Prensa Ibérica ha obtenido numerosas licencias de TDT en toda España ¿Cómo afrontáis este nuevo reto?
Pues con la misma responsabilidad corporativa y compromiso con el territorio en el que operamos que lo hemos hecho con los periódicos que se imprimen en las mismas zonas. Somos especialistas en información de proximidad, gozamos de importantes liderazgos en la prensa regional. Allí donde tenemos un periódico de prestigio, aspiramos a tener una televisión que se gane ese mismo reconocimiento y credibilidad. Pretendemos otro soporte complementario. Para ello, es fundamental también que sepamos encontrarle al negocio de la televisión local la misma viabilidad que hemos sabido encontrarle a nuestros periódicos.
¿Qué área se está fomentando más desde la División Audiovisual de Prensa Ibérica?
La crisis nos ha obligado a ralentizar el despliegue de las nuevas licencias, porque en circunstancias como las actuales, no es digerible asumir la puesta en marcha de negocios que inicialmente resultan deficitarios. No es momento de abrir nuevos grifos de gasto, pero ralentizar no es parar. Hemos abierto en 2009 dos nuevas estaciones de TDT y hemos reforzado sus capacidades productivas. En paralelo, estamos también muy concentrados en la producción para terceros, fundamentalmente a las televisiones autonómicas. Hemos desarrollado formatos novedosos y hemos demostrado nuestra eficacia productiva colocando series en prime time con magníficos resultados de audiencia.
Seguro que tiene muchas anécdotas, ¿recuerda alguna?
A lo largo de tantos años de profesión, y en un medio tan veloz y que implica a tantas personas, los periodistas solemos coleccionar tantas anécdotas como alegrías o frustraciones. Recuerdo una tarde que entraba en la redacción después de comer y oí una acalorada conversación telefónica de una secretaria que le decía a alguien por teléfono: "lo que nos faltaba, ahora vamos tener que estar siempre pendiente cada vez que se ahoga un inglés en aguas canarias". Cuando terminó le pregunté que quién era y me contestó que era alguien de la BBC que preguntaba si sabíamos algo de la posible muerte de un "tal Maxwell". El tal Maxwell era Robert Maxwell, el magnate de la prensa mundial que había caído misteriosamente de su yate mientras navegaba por las islas. Dos horas después, el equipo de TVE captaba la llegada de su cadáver a la Base de Gando. Unas horas después ya estaban llegando equipos de todo el mundo para contar una historia llena de morbo periodístico. Aquel inglés nos hizo trabajar mucho. De todos modos, la anécdota más simpática que he vivido no fue detrás de las cámaras, sino delante; estaba presentando los sumarios de un informativo y por un error del mezclador, en lugar de verse las imágenes de la noticia a la que hacía referencia quedé, sin saberlo, pinchado en cámara mientras decía "Y este mono que ven es un tití de oreja negra que acaba de nacer en cautividad". Los espectadores me estaban viendo a mí.
¿Qué supone que se reconozca el trabajo de las personas que trabajan detrás de las cámaras?
Nunca me he presentado para la obtención de ningún premio, así que recibirlo, sin esperarlo, me llena de una profunda alegría. Éste es de los que, profesionalmente, más ilusión me ha hecho recibirlo. Te lo otorgan los colegas, los mismos que te han ayudado a hacer cuanto te ha permitido obtenerlo. Las caras de la televisión dibujan los aspectos de un programa, pero el latir de una pantalla se hace, sobre todo, con el esfuerzo y el empeño de quienes están detrás del objetivo. Si la televisión tiene alma, se construye con un poquito de la que tenemos los que estamos detrás. Este tipo de premios suponen un reconocimiento, pero también compromete a quienes lo reciben, porque debemos mantener a futuro el compromiso con que hemos hecho en el pasado las cosas que nos han hecho merecedores de tan honroso galardón.
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